lunes, 8 de octubre de 2012

Degradación y conservación de suelos



Erosión hídrica en cárcavas.
 Fuente Elena Rueda
En la segunda sesión impartida por Elena Benito Rueda el pasado jueves, afondamos en los principales tipos de degradación de suelos. La estructura, textura y calidad son las características del suelo que cambian tras una degradación, tanto ligera como severa, e impiden que éste cumpla sus funciones básicas. Es importante destacar que las diferentes maneras de degradación están muy interrelacionadas entre sí, de forma que la aparición y evolución de un tipo lleva irremediablemente a otros. Por ejemplo, la D. biológica conlleva un aumento de la escorrentía que favorece la erosión hídrica.

La degradación física, como la compactación de suelos, los sellados y la formación de costras superficiales, supone un deterioro de la estructura y las cualidades del suelo. La degradación biológica hace referencia al proceso de mineralización del humus, es decir, la pérdida de materia orgánica del suelo. Ello conlleva la pérdida de nutrientes y de biodiversidad, problemas en las funciones de depuración que realizan los suelos y el aumento de la escorrentía entre otros perjuicios. Se calcula que el 45% de los suelos europeos poseen únicamente entre el 0% y el 2% de materia orgánica. La deforestación y los incendios forestales son las principales causas de la mineralización de los suelos forestales, por ello parte de la sesión fue dedicada a tratar la prevención y restauración de suelos forestales quemados. La degradación química abarca los procesos de acidificación, salinización, sodificación y contaminación de los suelos. Aunque parezca la causa más impactante y llamativa, es la que menor proporción de terreno afecta. A nivel mundial, alrededor del 4% de los suelos degradados los están por motivos químicos.

Mulch vegetal. Fuente Elena Rueda
La erosión es la última causa de degradación y la más frecuente, dividiéndose en erosión eólica e hídrica, de forma que más del 50% de los terrenos degradados del planeta lo están por motivos de erosión hídrica. Ésta se define como “el proceso de dispersión, arranque y transporte de las partículas del suelo por la acción del agua”, y la escorrentía superficial es el vehículo a través del cual se produce esta degradación. Un grave problema es que además del deterioro, este proceso supone una pérdida irreversible del suelo, el agua de la lluvia o del regadío arrastra los componentes orgánicos y minerales hasta otras regiones e incluso hasta ríos y mares.



Terrazas de drenaje.
Fuente Elena Rueda
Los tipos de erosión hídrica, por orden de menor a  mayor gravedad son: la erosión laminar, en regueros, en cárcavas y la aparición final de los barrancos. Factores como la lluvia, las características del suelo, la topografía, la vegetación existente y el uso al que se dedica el terreno influyen en cómo será la intensidad del deterioro. Por ejemplo los terrenos agrícolas, los suelos con menor materia orgánica o los suelos con mayor pendiente son más susceptibles frente esta degradación.

Las técnicas de conservación que el hombre puede realizar para evitar o frenar la erosión hídrica se dividen en medidas agronómicas (potenciar la vegetación y crear cubiertas como el mulch), medidas de manejo del suelo (laboreo de conservación) y medidas mecánicas, que son las más efectivas pero también las más costosas y habitualmente sólo se emplean cuando las otras soluciones no funcionan (terrazas de drenaje y desagües).

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